Sin sentido

Raid. Los mata bien muertos.

Realmente, deberíamos de reflexionar seriamente sobre cómo está la cosa en este planeta. El día 11 de Marzo recordábamos a las víctimas de uno de los atentados más brutales de la historia de España, pero esto se mezcló con el descubrimiento del cadáver de un niño de tan sólo ocho años de edad. También tenemos que sumar los miles de muertes que acumula la guerra de Siria, los muertos en Estados Unidos por el uso de armas en escuelas, los que pierden la vida en atentados terroristas como el del año pasado en Las Ramblas de Barcelona o en cualquier otro lugar del mundo así como todas las víctimas de la violencia de género y un terriblemente largo etcétera. Raro es el día en el que no aparece en cualquier medio de comunicación la noticia de un atentado, muertes o desgracias por los cuatro costados.

¿Qué es lo que puede empujar a una o varias personas a tomar la vida y el futuro de otras para destruirlo, sin más? La ciencia lo explica diciendo que estas personas no tienen empatía, que sufren de un mal funcionamiento en alguna región perdida del cerebro o que poseen un cromosoma de más… Pero esta explicación, por válida que sea, no calma ni un átomo a unos familiares que contemplan como el Vacío se apodera de sus almas. No pueden creer que lo que les está pasando es real. Ese sentimiento de extirpación en vivo mezclado con la incredulidad más pasmosa no puede de ser explicado, no puede ser esquivado. Hay que sufrirlo a pecho descubierto día a día hasta que, como poco, la memoria deje de funcionar. El tiempo no mitiga y el duelo permanece. Eso es lo que queda. El recuerdo y la eterna impotencia.

El recuerdo debe convertirse en el motor de recuperación para los familiares. Debe servir a los que observamos de lejos como han sucedido estas cosas horribles para despertar de la ilusión de invulnerabilidad que nos envuelve a diario. Debe servirnos para reclamarnos a nosotros mismos la construcción de una sociedad en la que el respeto a la vida sea lo prioritario. Respeto para las mujeres, para el diferente, para el anciano, para el pequeño, para el débil, para los perros, para los gatos, para los pájaros, para los insectos, para los bosques… para todo y todos.

¡Uy!, en la última frase de último párrafo de arriba se me ha colado algo… los insectos. ¿Respeto para los insectos? Anda ya… Esos seres asquerosos con pinta de monstruos salido de algún relato de H.P. Lovecraft, dirán algunos. Una cosa es salvar a los gatitos, a los pollitos, e incluso a los erizos, pero a los insectos… Mmmmhhh… Mejor quemados o pisoteados. ¡Vaya forma de hablar del derecho a la vida!, ¡hemos pasado de hablar del derecho del hombre que tiene derecho a todo, al derecho de… esas cosas repugnantes que sólo pican y traen enfermedades!, ¡qué vergüenza, que arrogancia, que… osadía…!

Ahora es cuando tengo que echar mano del recurso de los libros de Timun Más ,“Elige tu propia aventura”. Hay varias opciones:

  1. Si odias a los insectos y no quieres arriesgarte a perder los ojos, lee otro artículo de mi blog o de cualquier otro blog de otro mortal que te apetezca, o apaga el ordenador y vete a dar una vuelta -yo que seeeee…-.
  2. Si odias los insectos y aún así quieres perder los ojos, sigue leyendo.
  3. Si te dan igual los insectos pero te apetece perder los ojos, sigue leyendo.
  4. Si crees que los insectos, aún sintiendo que son la asquerosidad personificada, crees que son necesarios y te da igual sangrar por los ojos, sigue leyendo.
  5. Si amas a los insectos y deseas perder los ojos, sigue leyendo.

El tema que quiero tratar es el siguiente. Hace unos días, me encontré en la marquesina de una parada de autobús una creatividad de “Acción Contra el Hambre”. Quiero analizarla desde una perspectiva objetiva por lo que comunica, no por lo acertado o equivocado de la composición gráfica de sus elementos, la tipografía, etc.

Si leemos el texto principal, nos encontramos con la expresión “Mala bestia” encima de una imagen, bastante grande y realista, de un mosquito. Es un mensaje contundente y claro, sin lugar a dudas… Un mensaje que califica a este ser vivo por una de sus funciones. No es la función principal, pero es una de ellas, nos guste o no. También nos encontramos con un texto de apoyo que reza lo siguiente:

Mosquitos como este contagian enfermedades que matan a miles de personas en muchos países. Contigo las estamos previniendo. Ponte en acción.

La campaña como tal, se me antoja… no se como definirlo… entre divertida y desafortunada. No puedo evitar pensar que alguien podría creer que lo que tiene frente a sus ojos es el anuncio de un nuevo insecticida para el hogar. O bien que esta organización tiene la intención de armarme hasta los dientes con aerosoles y plantar cara a los desafortunados bichos. De cualquier manera, me parece equivocado poner todo el foco de atención sobre estos seres como el mal que ataca y acecha a las vidas de las personas… Sencillamente porque estos seres vivos no son culpables de realizar las funciones para las que la naturaleza les ha programado.

En resumen, los seres humanos, considerados dueños y señores de todo, tenemos derecho a descargar la responsabilidad de las muertes de nuestros semejantes sobre unas colonias de insectos voladores que surgen gracias a que nosotros proporcionamos las condiciones para que estas, no sólo aparezcan, sino que florezcan -falta de higiene, etc…-. Es decir, mientras el hombre proporciona dosis ingentes de desigualdad, este a su vez, se permite el lujo de culpar a los mosquitos de su propia desigualdad. ¿Alguien me lo puede explicar?

Es como si culpamos a las palomas de cagar en los coches o a nuestro perro bóxer de babear como la Fontana Di Trevi… No tiene ningún sentido. ¿Qué vamos a hacer?, ¿coserle la boca al pobre animal?… ¿quemarle las glándulas salivares? Pues no. Es lo que hay. Pues con este caso es exactamente lo mismo. ¿No nos gustan las picaduras de los mosquitos que transmiten enfermedades a poblaciones humanas muy vulnerables inmunológicamente hablando? ¿Necesitamos realmente una respuesta para esta pregunta? Yo creo que no.

Sinceramente, no sé si esta campaña gráfica está orientada a un público específico real, pongamos “personas que se creen lo primero que leen” o “personas que disfrutan viviendo en el autoengaño”, pero desde luego, por muy loable que sea el objetivo, no creo que esta sea la manera más ética de convencer a la población de que realmente en el primer mundo somos unos malditos cabrones.

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