La sesenta y cuatroava potencia

Nintendo 64 con el mando de control de serie.

Siempre he sido fan de Nintendo. Nunca me ha atraído la idea de ser fan de un grupo de música o de una marca de ropa o de helados. Pero curiosamente soy, sólo en este caso “fan” y además incondicional, de esos que no piden nada a cambio… Soy feliz así, tan idiota…

Tras trece años de Super Famicom, la madre de todas las bestias -¿a qué me suena esta mierda?-, llegó el padre de… vamos a dejarlo. Nintendo 64 –inicialmente Ultra 64- se presentó, primero como recreativa, a través de Killer Instinct, aquel juegazo de lucha que marcó un antes y un después en la forma de repartir caramelos con sus múltiples combinaciones de combos. Ya no valía con partir caras o hacer comer puños… El objetivo mínimo era convertir en pulpa o mermelada al oponente. Tan inquietante como adictivo.

Y sucedió. Nintendo volvió a hacerlo. Aquella recreativa, aquel monstruo tecnológico se convirtió en la primera consola de 64 bits del mercado. Por aquellos tiempos, Sega estaba muy concentrada con su Saturn y Sony daba sus primeros pasos con su PlayStation… bah, a mí que me las den todas. La Gran N diseñó un engendro impresionante que parecía sacado de otro planeta, del color de la noche más cerrada. Extraña pero atrayente, también fue la primera consola en poseer de serie cuatro entradas para otros tantos mandos, así como una colección de periféricos alejados de todo lo visto anteriormente.

Y, ¿cómo hacer que semejante portento se venda como rosquillas? Pues recurriendo a lo que ha funcionado muy bien en el pasado, pero creando nuevas formas. Efectivamente, el branding empleado para el packaging de N64 –en Japón- derivó directamente del de Super Famicom, pero adaptando su lenguaje visual a un producto que tecnológica y físicamente era más agresivo que su antecesor. Nintendo 64 fue una consola que impactaba en lo visual y podríamos decir que la empresa se había esforzado a la hora de intentar ampliar su target, así que a la hora de presentarlo, el envoltorio tenía que estar a la altura.

Packaging para la versión japonesa de la consola.

Así pues, nos encontramos con los mismos códigos visuales que vimos anteriormente: el logotipo identificativo de la consola, las tipografías contundentes y los colores básicos… pero hay novedades. En primer lugar, vemos que se ha creado un nuevo logotipo para la consola, una gran letra “N” en tres dimensiones que -como se pudo ver en algunas animaciones de la época- acentuaba su aspecto volumétrico girando sobre sí misma. Esta marca se convirtió en un exponente gráfico total de lo que aquella generación de consolas quería mostrar con su tecnología: las tres dimensiones, los excesivamente adorados polígonos y la sensación de realidad emanada de estos. Un claro ejemplo de sencillez y sofisticación comunicativa.

Otra novedad –para algunos puede que más importante que la anterior- recae en la ejecución de las ilustraciones del producto. Si antes Super Famicom se nos presentaba en su caja con ilustraciones planas, vectoriales, casi icónicas, N64 muestra sus credenciales echando mano de degradados y tonos oscuros. He de recordar -ya lo he hecho anteriormente- que los degradados no son fáciles de representar y suelen dar problemas de impresión. Tampoco es que me hayan llamado nunca la atención… excepto estos. Simplemente, me encanta el estilo conseguido, a medio camino entre lo vectorial y lo volumétrico. El brillo de algunos trazados y la limpieza y sobriedad de los amplios espacios… Todo funciona y todo vuelve a crear ese deseo, esa atracción de comprar un producto que, al menos, a través de la caja, se percibe como completo, potente y de excelente calidad. El conjunto emana adultez por los cuatro costados con lo que, aparentemente, se consiguió atraer la atención de un público que quizás se habría ido a otras marcas como Sega o Sony.

Algunos diseños de packs para perifericos de N64.

Por supuesto, a juego con la caja de la consola, Nintendo preparó otros packs -los que veis inmediatamente sobre estas líneas además de 1, 2 y 3– que estarían destinados a presentar distintos tipos de periféricos, objetos que hoy en día son testigos de una etapa en la historia de los videojuegos que ha marcado a toda una generación de enfebrecidos frikis, entre los que felizmente me encuentro.

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