El imperio de la tablet

Que aghco, leches...
Que aghco, leches…

Las tablets se han transformado en muy poco tiempo en verdadero objeto de deseo de cualquier ente bípedo habitante de este planeta. ¿Por qué?… No os sabría decir. Bien puede ser que la razón de esa atracción no sea más que la creación intencional de necesidades inexistentes en el público receptor a través de la manipulación visual, del ejercicio gráfico y la puesta en escena de filosofías de vida de plástico y aluminio rodeadas de efectistas colores pastel y egocentrismo a raudales. Noticia nueva, ¿verdad?… El resultado: cualquier mente deseosa de gastar pasta -o no – en cosas que antes no hacían la más mínima falta, la gastará… vaya que sí. Desde luego hay que reconocer la habilidad de los departamentos de publicidad y marketing, ya que hacer soltar a alguien más de 400-500€ en un gadget no es moco de pavo.

Todo esto comenzó -¿o no?- con la manzana mordida y sus consabida habilidad para crear clientes donde antes no los había. El éxito fue evidente. Por supuesto, las restantes marcas no querían ser menos y como todos sabemos, “culo veo, culo quiero”. Y así, a fecha de hoy tenemos infinidad de modelos de tablets, unas más grandes, otras más pequeñas, unas más potentes, otras no tanto e incluso modelos que de alguna manera intentan diferenciarse de los demás ofreciendo algunas características digamos… exclusivas.

Y aquí es donde yo me pregunto… ¿Para qué sirve realmente una tableta? Algunos pensaréis que a estas alturas uno debería tener claro el uso que se debe dar a estos aparatos, pero permitidme compartir mis inquietudes… Como todos sabéis, soy diseñador gráfico y por encima de todo, valoro la capacidad creativa del ser humano y su potencial para sorprender y facilitarnos la vida en las tareas del día a día, pero estamos llegando a un límite de automatización y de aceleración del proceso creativo-productivo que no estoy muy seguro de querer ver cruzar.

Las tabletas son equipos informáticos que, en esencia, pueden ser transportados con facilidad. Como aspecto diferenciador de otro tipo de hardware -portátiles y sobremesa-, encontramos que debido precisamente a su tamaño -o espacio interno- no pueden contener suficiente tecnología para igualar o superar en potencia a, por ejemplo, algunos ordenadores portátiles y muchos de sobremesa. No obstante, todos sabemos que esta barrera se está estrechando cada vez más –Surface Pro 3 con sus procesadores Intel-. Pero este descenso de potencia o de capacidad de almacenaje no puede ser entendido como una merma en sus posibilidades de uso. De hecho, las tabletas están reemplazando al ordenador portátil como equipo de trabajo… Y aquí es donde quiero llegar.

La tableta ha sido concebida para un público muy específico desde el principio. Estamos hablando de cualquier persona que quiera distraerse toqueteando pantallas táctiles. Y digo distraerse, porque la tableta fue pensada desde el inicio para los ratos de ocio, ya sea leer un libro o el periódico, ver fotos, jugar con algún videojuego o hacer videoconferencias con cierto nivel de calidad. Además, la tableta es un ente táctil por definición; invita a tocar, a interactuar… y toda la parafernalia que se ha montado en torno a estos gadgets está orientada a eso, a que toquemos más y nos movamos más en modo “drag & drop” que con las piernas. Es decir, estamos tratando con hardware orientado al ocio, de base.

Pero las empresas vieron más posibilidades a estos pequeños absorbe-mentes. El reto fue hacer que la gente las usara como sistemas de apoyo productivo en el trabajo, en la oficina, acaparando todo nuestro tiempo vital, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Y lo han conseguido, desde luego. Muestra de ello son tanto las aplicaciones que se han creado como los esfuerzos que se están invirtiendo para crear un entorno de completa y perfecta sincronización de datos entre teléfono móvil, tableta y ordenador, por poner solo un par de ejemplos. Es tal el poder de atracción que ejercen estos aparatos que es prácticamente imposible no conocer a alguien que no disponga entre sus bienes de una tableta o de un móvil de pantalla táctil. Sin duda, estamos viviendo una época revolucionaria en cuanto a crecimiento tecnológico se refiere, pero ¿hasta qué punto es sano ocupar todo nuestro tiempo con estos gadgets? La televisión se ha disfrazado –además, sin darnos cuenta- de aparato portátil, los videojuegos ya no son sólo cosa de consolas –portátiles o no-, el trabajo ya puede ir con nosotros a cualquier sitio alargando la jornada laboral las 24 horas del día y ya es impensable en muchas ciudades de cualquier parte del mundo no estar disponible tras el auricular del móvil por motivos de cobertura… Un poco cargante ¿no?

Por si esto fuera poco, la tendencia actual es la de hacer que estos productos se transformen en entes imprescindibles para el día a día, en hacer que nos resulte insoportable su deterioro o su pérdida… ¿de qué manera? Haciendo que hagan de todo, que sean polivalentes al máximo… sí, pero ¿cómo? equipándolos con un lápiz capacitivo. Sí, ahora el lápiz de plástico con sensores sustituye al bloc de notas y el bolígrafo para “humanizar” la experiencia de escribir… ¿Puedo soltar la tablet ya? Va a ser que no.

En el sector del diseño gráfico, el proceso productivo es facilitado por programas en los que todavía podemos decidir si nos automatizamos al máximo o no -¡¡¡viva el lápiz y la goma de borrar!!!-, pero últimamente, están surgiendo aplicaciones y gadgets para tablets que –si así se desea- pueden sustituir directamente a los antiguos instrumentos de dibujo y bocetaje. Para mí, este es el límite en el que comienza el barranco, el “párese, respire y piense”. A la hora de crear tecnología para facilitar el proceso creativo hay que encontrar un punto de equilibrio entre lo sano y lo productivo, como ya hizo Wacom con Inkling -ese maravilloso receptor de imágenes que transforma los bocetos o diseños creados sobre papel en ilustraciones editables de formato vectorial- o cualquiera de sus tabletas gráficas. Aquí la tecnología facilita claramente el proceso productivo pero no sustituye ni limita el proceso creativo. El único límite lo pone tu habilidad con el bolígrafo –o el lápiz- y tu creatividad.

No digo que las tablets y todos sus avances no sean buenos, pues persiguen facilitar la productividad, pero creo que ya se está orientando abiertamente su uso a la sustitución del papel y del lápiz de carboncillo de toda la vida y creo que, en el entorno de la profesión del diseño el grafista debe conocer, en primer lugar, la experiencia del dibujo tradicional con lápiz y papel y si así lo cree, considerar positivamente el evitar dar un paso tecnológico y retroceder con otro más analógico, más humano, más sensitivo y más enriquecedor. Creo que enormes posibilidades y una parte del proceso creativo y productivo se pierden si eliminamos el lápiz de toda la vida y las texturas del papel, si suspendemos esa conexión y lo sustituimos por la computadora, sea táctil o no, con bolígrafo o sin él. Pienso que el proceso es productivo no sólo porque está orientado a la terminación de un producto, sino porque hace sentir al que lo lleva a cabo. En definitiva, no es solo el producto final lo único beneficioso –si es que lo es-, también lo es –y creo que en mayor medida-, el proceso, el camino recorrido.

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