Manzana sospechosa

¿Discriminación laboral?

En mis casi seis años de diseñador gráfico he visto muchas cosas –y las que me quedan por ver-. Pero a pesar de que mis córneas ya están vidriosas de contemplar barbaridades y otros hechos dignos de tragicomedia, a día de hoy todavía hay una que me asombra sobremanera por lo destructiva que está siendo tanto para los bolsillos de muchas personas como para el enriquecimiento cultural en general, entre otras consecuencias.

La inclinación de algunas agencias de publicidad por los ordenadores de Apple es un hecho; ya he hablado de este tema en un artículo anterior. Pero ahora me gustaría hurgar un poco más en la llaga, debido a que la tendencia en relación a este hecho no disminuye, es más, se mantiene y no tiene visos de cambiar.

Estamos viviendo tiempos de cambios constantes y lo que está claro es que el ahorro es la actitud más lógica cuando se trata de adquirir productos de similares prestaciones. Históricamente, España es, ha sido –y por lo que se deduce de la marcha que llevamos-, va a ser un país de gente trabajadora de escasos recursos. Más allá de ese burdo halo que algunos listos intentan colocar sobre la realidad española -que es así como poner una servilleta sobre un buey almizclero- está la evidencia de que la mayor parte de la riqueza de nuestra patria querida se concentra en las pezuñas de los cerdos que nos están hundiendo en la más profunda de las miserias, y en las manos de cuatro “soñadores” que creen que la luna de Dreamworks es la casa de los Reyes Magos.

La realidad es tan vívida como los rugidos de estómago que, casi seis millones de personas ya han integrado de forma involuntaria en sus familias, como si fuesen miembros de estas. Todavía observo en muchas ofertas de trabajo –y veo unas cuantas al día- que algunas empresas se niegan a creer en tan sonoro hecho, alegando –si se les pregunta- que los cacharros de Apple son la pera limonera, que no se infectan -¡juaaaaajajaja!- así como otros comentarios de tamaña calidad argumentativa.

Se trata de agencias de publicidad que se niegan a ver que los tiempos actuales no están para chorradas y que son ellas las que sin darse cuenta, pierden talentos irremplazables. Una empresa que mira más por el teclado, los procesadores -los mismos para PC que para Apple, por cierto-, el sistema operativo y la pantalla que usas, que por la calidad de lo que se puede aportar, demuestra no entender qué requisitos hacen de un diseñador o publicista una pieza fundamental y una inversión. Y por supuesto –sobre todo en España- demuestran no mirar por su supervivencia. ¿La imaginación está reñida con usar PC o Mac?, ¿tienen más calidad y son más eficaces las soluciones gráficas propuestas por un estudio que usa Mac que por uno que utiliza PC?, ¿es realmente necesario que responda alguien esta pregunta?

El problema real no es que haya dos o tres o diez agencias o estudios de diseño que trabajen con este tipo de hardware, el asunto es la rigidez de la premisa fundamental sobre la que descansan todas las ofertas de trabajo que publican: imprescindible Mac, acostumbrado a trabajar con Mac, sólo usuarios de Mac… y más Mac. Irónicamente, aprender a usar un sistema operativo OS con fluidez no lleva más de dos horas de tonteo con el cacharro de marras, como más de una vez he comentado. Con esta actitud, lo que se está fomentando abiertamente es una discriminación laboral sin precedentes que está llevando a más de uno a tener que sentirse en la obligación de adquirir uno de estos aparatos pagándolos ¿a tocateja?, no ya para acceder, sino para optar a un puesto de trabajo. Añado a esto el dato de que pagar más de 2.000€ por un trasto cuya compañía madre anda diez años atrasada en lo que se refiere a la detección de amenazas informáticas, me parece de vergüenza. Sí, sí, la manzanita se está poniendo de gusanos hasta las cejas…

Pero hay más. Hace ya bastante tiempo me hice eco de una historia bastante truculenta que, de ser cierta, haría temblar al corazón más frío y desprovisto de humanidad. Una historia que podría ser una leyenda urbana… o no.

El comentario hacía referencia a una especie de política de subvenciones, concesiones o beneficios por parte de Apple hacia empresas del mundo del diseño, ya sean agencias o estudios. Una promesa de privilegios, rebajas en los precios del hardware y software con el objetivo de conquistar los escritorios y los mundos del genio creativo y de extender la imagen de la manzana como si de una metástasis se tratara, un contrato firmado con sangre o leche de burra, una oferta pringada con la condición de obligatoriedad de no permitir la entrada a los pobres de bolsillo, de escudo nobiliario y a los ignorantes en las “mieles” de la manzana prohibida, hasta más allá del fin de los tiempos.

¿Cuento para no dormir? Puede que sí. Morboso, para qué engañarnos, pero es peor que pueda ser real. No obstante, tanto si este relato a lo Edgar Allan Poe es mínimamente cierto como si no, el hecho real e indiscutible es que algunas empresas dejan muy claras sus intenciones, simplemente dejando pasar lo que creen que no les interesa. Y tengo experiencia en ello… Conclusión: si no me gusta la miel o no puedo tener acceso a ella y prefiero otra tecnología por ser similar -o mejor y más barata- porque mi bolsillo no da más de sí, ¿por qué retorcido motivo tengo que adquirir un trasto de esos?, ¿para que mi humana silueta haga de publicidad viviente, de escaparate con patas que intente despertar en otros pobres desgraciados un anhelo falso y carente de la más mínima inteligencia? Por mí como si se meten el tarro entero por la cara oculta de su barranco.

Estas chorradas propias de niñatas irresponsables podrían darse en un edén de pasta a raudales para todos los públicos, pero la realidad deja muy claro –desde el 2007, e incluso mucho antes- que es más que necesario un cambio de actitud. Pero no, la coherencia y la lógica se han dejado los puños y la glotis avisando que llevar la minifalda más “chic” en invierno, da como resultado una neumonía de caballo. Allá ellos. Y si no, a las muestras me remito. Los de la manzana ya tienen el útero inquieto y parece que tienen la intención de parir un hijo más humilde, un patito feo a sus ojos al que harán caso si este pobre engendro tiene la suerte de salvar las arcas.

Discúlpenme  por tener una mente tan calenturienta, pero la verdad no tiene más que un camino. La utilidad y la eficacia no entienden ni de clases ni de chips con pedrería.

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