Materia prima y voluntad

Hay que hacer algo...

Hace bastante tiempo escribí sobre la disciplina del diseño gráfico en relación a su instauración en algunos países, concretamente México. Y hoy, este tema sigue estando de actualidad por muchos motivos. Hace algunos días se han celebrado los 20 años de la Licenciatura en Diseño Gráfico de la Universidad de Guanajuato. Y no es para menos porque según se comenta, el éxito de los alumnos avala ya de por sí su existencia. Me voy a quedar con las palabras de su Fundador, el catedrático Jorge Luis García Fabela:

Hace 20 años iniciamos la Licenciatura en Diseño Gráfico prácticamente sin infraestructura física, sin personal docente y escasos recursos económicos. El inicio no fue fácil, pero sí muy motivante.

Lo curioso de esta historia es que esta situación se hace extensiva a todo el país. Veinte años parecen pocos al lado de los 43 -desde el año 1968- que lleva ya esta disciplina de ocho años de duración en algunas universidades mexicanas. Sigo planteándome la misma pregunta que hace unos años: ¿qué está pasando en nuestro país?

Cierto es que en algunos países parece estar más enraizada la costumbre de expresar a través del diseño o del arte. Nuestro país también posee una gran historia artística y en relación al diseño gráfico, hemos aportado desde cartelismo de guerra a publicidad, pasando por excelentes tipografías. No hay excusa para la actual situación. Sí, es cierto que España ha reconocido al diseño gráfico como disciplina -ya era hora- y que en determinadas ciudades españolas podemos encontrar un cierto nivel de atención al buen gusto. Pero esto no es suficiente. He observado que esta disciplina se tiene más como un divertimento, un pasatiempo que se puede mostrar en determinados espacios, un objeto que se cuelga o se muestra en una exposición temporal y que nos habla de cosas que no entendemos o sobre las que nos cuestionamos su utilidad. Tal es la precaria visión que se desprende de este hecho.

El público español tiene una perspectiva muy distorsionada de lo que es y representa el diseño gráfico y, esto no tiene visos de cambiar para bien. Actualmente parece que lo interesante es gastar millonadas increíbles en proyectos que no llevan a ninguna parte y luego, ya se verá que hacemos con ello. Últimamente, observo que ciertos estudios de diseño están organizando workshops, talleres orientados al perfeccionamiento sobre una materia concreta del diseño gráfico. Es una opción muy interesante y desde luego, son una gran ayuda en este periodo de escasez para aumentar los ingresos de estos estudios, pero yo no puedo pagar doscientos y pico euros por una actividad de tres o cuatro días y me consta que muchos, tampoco. Parece que en nuestro país no se termina de entender que ciertos recursos o ideas no deben ser necesariamente tan caros o tener que pasar por caja. En consecuencia, no se entiende que en España los ricos representan un ínfimo porcentaje de población y que la mayoría tenemos tanto talento como los primeros mencionados.

Estamos haciendo del diseño gráfico un hobby de unos pocos con posibilidades, una llave inglesa de diamantes que nadie sabe usar. Esta disciplina es una herramienta que debe aportar soluciones a las empresas y todo diseñador gráfico titulado debería defenderla como la única solución. El diseño gráfico no es un Photoshop en manos de un familiar que ha hecho un cursillo del INEM, pero tampoco es algo de otro planeta, una materia que sólo dominan cuatro encumbrados que colocan al diseño en una posición de subjetividad presupuestaria alarmante, convirtiéndolo en un bien de lujo empapado de  argumentos débiles e irritantes que pretenden hacernos ver que -como ha sucedido también en el mundo del arte-, un parachoques estrujado es una obra de arte digna de encomio. Si quieres ser diseñador, ve a la escuela de artes gráficas, hazte el módulo correspondiente y cuando salgas, busca apoyos -que hacen mucha falta-, gástate el dinero que tengas en perfeccionar tus conocimientos informáticos -que también hacen mucha falta- y ofrece soluciones a las empresas a precios reales, en consonancia con el periodo económico que atraviese tu país y con la calidad aportada. Si luego te lo puedes permitir, organiza exposiciones con tus mejores trabajos y explica detalladamente en qué ha consistido tal o cual propuesta. O bien, organiza talleres que puedan beneficiar a una colectividad, cuanto más amplia, mejor. Eso sería empezar con muy buen pie, pero esto sólo es el principio. Busca clientes y hazles entender que tus propuestas son buenas, paga facturas… ¿a que no parece fácil? No, no lo es, te lo puedo asegurar.

En España no hay voluntad de cambio. Y no hace falta más que ver como están las cosas en general. En cuanto al diseño gráfico, no es suficiente, desde luego, con reconocer a esta disciplina como tal. No es interesante que haya una escuela pública y varias privadas. No es necesario gastar millonadas en catedrales para promocionar el buen diseño de un país. Sólo hay que tener voluntad de hacer cosas útiles, abriendo los ojos a la realidad, la que nos dice que la educación es la base de todo y que si esta falla, una generación -o varias- de diseñadores con talento se estarán echando a perder primero, por la escasa preparación en relación al mundo de las ventas, por la falta de promoción y orientación de los organismos oficiales, por el propio desconocimiento del cliente -al que no se puede culpar-, por la escasa duración de los ciclos formativos oficiales y por un largo etcétera del que hablaré en próximos artículos. Esto es algo que está pasando ahora, no es una alucinación provocada por antidepresivos. Es complicado -por no decir casi imposible-, hacer entender al empresario, no medio, sino al pequeño, que unas tarjetas de visita bien hechas son básicas para dar una mínima imagen de seriedad.

No obstante, no quiero enzarzarme en una discusión sobre quién tiene la culpa y quien no. Estamos en el momento de pensar qué se puede hacer. A mi se me ocurre una forma de aportar luz a todo este desaguisado. Quizás sería interesante organizar esos workshops o talleres educativos, pero orientados a los empresarios –de todo tipo, pensamiento y talla-, con el objeto de mostrarles el valor del diseño como herramienta para sus negocios, que los diseñadores son los únicos profesionales cualificados para la realización de proyectos que sí dan resultado y que los presupuestos asignados para la publicidad de las empresas -entre otros muchos temas que se me ocurren- no deberían, ni por asomo, desaparecer como gasto necesario por la existencia un periodo de crisis económica, por razones obvias: ¿si no inviertes en publicidad, cómo pretendes hacer clientes o mantener los que tienes?. Y teniendo en cuenta como está todo, la gratuidad para acceder a este tipo de talleres sería un aspecto a considerar muy seriamente.

Un amigo mío de México, me hablaba sobre un sentimiento de culpabilidad que le surgía cuando oía a alguien hablar sobre su país. Esto le sucedía, creo recordar, cuando oía comentarios sobre las carencias democráticas que se viven allí –Marcos, corrígeme si me equivoco-. Lo que le duele a mi amigo es que esta situación es cierta y, desde luego, es entendible que él lo haga suyo hasta cierto punto. Todos lo países han pasado en mayor o menor medida por periodos complicados, incluido el nuestro. Sólo le puedo decir a Marcos que, ellos llevan un excelente camino; y evolucionarán ya que le están dando a la educación la importancia que se merece. Nosotros, por el contrario, ya hemos atravesado periodos complicados y me da la sensación de  que no hemos aprendido nada. O eso parece.

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