Al principio fue el punto…

Las formas primordiales.

Es una costumbre oír en la actualidad que un diseño es bonito, es agradable, es feo, es horrible, etc… Expresiones como: “me gusta” o “no me gusta” forman parte del repertorio del habla y del sentir del ser humano desde que existe. Y esto tiene una razón de ser. Hace cosa de unos días hablé sobre la importancia existencial del punto y de la línea. Y no es para menos, pues es este el “punto” de partida de todo nuestro conocimiento. A la vista está. Gestos, símbolos, los edificios, estructuras químicas como la cadena de ADN y así hasta completar todo lo que vemos y lo que no. Pero esto no se queda sólo en simples apreciaciones; hay razones muy fundamentadas para pensar que la línea y el punto nos hablan en un lenguaje muy universal.

Parece ser que el punto y la línea prefieren las matemáticas para expresarse y han elegido un número como compás de baile: le llamamos phi (1,6180339…). Euclides fue el primero en percatarse de la existencia de esta situación, y desde entonces, los matemáticos griegos, y otros sabios lo han utilizado. Y aquí aparece una nueva forma física y susceptible de poder ser representada -gracias a los dioses-: una línea segmentada, dividida en dos partes por un punto. Imaginemos que un punto empieza a crear una línea recta, pero este se detiene en una distancia determinada en relación al lugar de donde ha nacido; más tarde reanuda su recorrido un poco más largo que el anterior (siguiendo la misma estela recta), y así sucesivamente. Es como si estuviésemos describiendo un latido. Pero este no es el único comportamiento. Parece ser que la línea y el punto son herramientas muy polivalentes y estas encuentran el gusto en la variedad. Imaginemos que ese punto, empieza a trazar una línea curva, interminable, una espiral infinita y que si nos fijamos en ella, nos daremos cuenta de que su comportamiento se basa en la existencia de un parámetro de crecimiento.

Así dicho, parece que no tiene mucha lógica, pero ¿y si os digo que estos comportamientos del punto y de la línea son el lenguaje a través del cual se expresan en toda la naturaleza dando como resultado toda la Creación? Efectivamente, esa espiral te la puedes encontrar en la concha de un caracol, en la disposición de las hojas escamadas de una piña, o en la estructura de una dalia (flor). Y bien ¿y qué pasa con esa línea segmentada, para qué sirve? Esta no es ni más ni menos que la vara de medir todos los seres animados de este planeta, es la denominada “sección áurea”. Sí, es la proporción perfecta, la razón por la cual nos gustan las cosas que vemos -flores, animales, personas, etc…-, es el patrón a través del cual podemos decir que los huesos de cualquier ser humano son proporcionados si no hay una disfunción genética, es… el lenguaje de la creación. Este número, este comportamiento, esta proporción está reflejada en todas las cosas existentes en nuestro planeta cuyo origen sea natural. El nacimiento de un ser vivo, su crecimiento y desarrollo -sucesión de Fibonacci- responde a los dictados de la “divina proporción”. Parece ser que la naturaleza ha empleado el punto y la línea como herramientas fundamentales para la creación de todos los seres vivos y las matemáticas no son ni más ni menos que el manual de instrucciones de uso para hacer que funcionen correctamente esas dos “formas primordiales”.

Así pues, podemos establecer una pequeña escala de formas originarias. El punto, en primer lugar, como fuente y origen de todo es la forma primordial, la que se sitúa en el escalón más alto en cuanto a nivel de consideración y relevancia. Sin él sería imposible pensar en la existencia, y por lo tanto, pensar. En segundo lugar, la línea, entendiendo esta de dos formas: como comportamiento -el punto obtiene dinamismo y se desplaza dejando una estela o línea- o como una sucesión ilimitada de puntos. Dentro de este escalón podemos distinguir entre  dos tipos de líneas: la línea recta y la curva -parábolas, espirales, etc…-. En tercer lugar -igual de importante que el segundo- nos encontramos con la sección áurea, más bien un comportamiento del punto. Tanto la sección áurea como la espiral establecen definitivamente, el aspecto físico y la proporción de todo lo que existe, es decir, obtienen de alguna manera visibilidad y corporeidad en este mundo, son la manifestación del punto.

¿Seguís enteros? Felicidades, porque continuo. Todo esto que os he contado es un poco el punto de partida de algo que me parece importante. Como he dicho al principio, parece ser que el hecho de que algunos diseños -naturales o no- nos gusten más que otros es debido en gran parte a todo lo que os he comentado. Lo curioso es que así, de primeras, nadie se percata de ello. Es como si la percepción humana se sintonizara con total nitidez en la onda del número phi. La historia del arte está plagada de ejemplos pictóricos, arquitectónicos y escultóricos que nos dicen, como en un susurro, que son bellos por algo más que no está a simple vista. Un ejemplo de ello es la fachada del Partenón (1), un templo que a simple vista no parece ofrecer nada nuevo dentro del arte griego dórico. Aparentemente todo es normal, pero si nos fijamos un poco más, comprobaremos que las matemáticas viven en cada centímetro de esas piedras. Este edificio ha sido creado para asombrar tanto por su monumentalidad y sobriedad, como por su complejidad y precisión matemáticas. Es increíble que los constructores de este templo pudiesen incluir correcciones ópticas -desigualdad entre los intercolumnios, curvatura del entablamento y estilobato y éntasis de las columnas- para evitar efectos indeseables como el pandeo, el efecto piramidal, etc… Un vistazo igual de profundo nos revelará que este edificio ha sido bendecido con la presencia de la proporción áurea. Este no es el único ejemplo. Generalmente, la arquitectura griega adquiere esta forma de crear como algo normativo. Hay muchos más ejemplos, pero son muchos para incluir en un post, pero os diré que curiosamente, todos ellos nos gustan.

Bueno, parece que nos hemos encontrado de bruces con una “razón de ser” bastante potente. Personas como Euclides nos han dejado un legado, unas normas de comportamiento creativo que no deberíamos de olvidar. Es cierto que diseñar, que es el oficio que a mi me importa en primer termino, no es fácil a pesar de que me gusta. Para crear objetos, buenos productos, hay que tener en mente muchas normas, muchos conceptos que hay que dominar al dedillo. No basta con romperse la cabeza y “ser creativo”, hacer algo nuevo, original -sólo esto es como encontrarnos en nuestro regazo a la gallina de los huevos de oro en plena temporada de celo-. Hay que esforzarse por emplear estos conocimientos que, de forma indudable, nos hacen mejorar nuestros productos. Sí, puede que en algún momento no nos apetezca tener que rebuscar entre nuestros libros la forma de hacer “diseño”, pero intentar esforzarnos para mejorar siempre tiene su recompensa. Y que recompensa.

Veréis, se que muchos ya lo sabréis, pero os voy a poner un ejemplo de esto que os acabo de contar, uno de esos que convencen (2). Todos sabemos que hay productos en la actualidad que de alguna manera nos atraen visualmente. Estos llevan de una forma descarada la marca de la sección áurea. ¿Cómo se os queda el cuerpo si os digo que el reproductor de mp3 más famoso y vendido lo es por la sección áurea? Sí, así es, es el iPod (3), efectivamente. Y debe posiblemente casi todo su éxito a esas medidas tan erótico-festivas.

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